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Psicología Actual.

Escapando de la verguenza

Brené Brown, profesora de la Universidad de Houston, tiene una larga trayectoria investigando la manera de salir de la vergüenza, sin daños colaterales. En 2010 condensó en una iluminativa conferencia en https://www.youtube.com/watch?v=iCvmsMzlF7o su trabajo en este campo.

Su tesis tiene que ver con ese invasor sentido de la vergüenza, que la mayoría de nosotros – especialmente en la cultura occidental- nos hace sentir no merecedores del aprecio de los demás.

¿Por qué la vergüenza ? Porque en esta cultura perfeccionista muchos de nosotros pensamos que “no somos suficientemente valiosos”, no somos suficientemente delgados, suficientemente ricos, suficientemente guapos, suficientemente exitosos como para merecer el aprecio y cariño de los otros. Así las cosas en ningún momento nos podemos permitir bajar la guardia, mostrarnos vulnerables, porque permitir que los demás nos vean tal cual somos significaría que seríamos instantáneamente rechazados. Mucho mejor evadir este riesgo emocional, evitar enfrentarse a la vulnerabilidad y autoanestesiarse ante cualquier malestar que se nos pueda escapar.

Desgraciadamente el coste personal y social de esta estrategia es inmenso. Estamos viviendo en una sociedad con los mayores índices de obesidad, malestar psicológico, depresión, adicciones, gente medicada, como escapatorias de emociones desagradables desde que hay seguimiento estadístico. Por si esto no fuese bastante, el propio juego de disimular la vulnerabilidad entraña la perversa y paradójica consecuencia de alejarnos de la genuina conexión humana que justamente tememos perder.

La investigación de B. Borwn instruye sobre las formas en que mucha gente consigue escapar de la trampa de la VERGUENZA. ¿Cómo? Simplemente asumiendo de manera natural su VULNERABILIDAD “ ellos creen que lo que les hace vulnerables les hace también atractivos”, Tal como lo explica Brené, de alguna forma han desarrollado un profundo sentido de su propio valor, en lugar de estar continuamente pensando no soy suficientemente bueno, viven con la creencia de que son suficientes . En pocas palabras, optaron por abandonar la atadura de pensar lo que deberían ser para asentarse en el asumir lo que realmente son. Justo lo que corresponde hacer para optimizar la conexión con los demás. Su mantra, por decirlo de alguna forma, sería : estoy profundamente agradecido porque experimentar mi vulnerabilidad significa que estoy vivo.

Mientras que el expandir públicamente las vergüenzas siempre ha sido un deporte, con la llegada de las nuevas tecnologías se alcanzan niveles increíbles hasta ahora. A día de hoy expandir infundios sobre cualquiera por cualquier causa, por muy trivial que esta sea, es mucho más fácil, duradero y posiblemente venenoso que en cualquier otro tiempo de la historia humana. No se trata solamente de un desprecio de un vecino en tu puesto de trabajo, sino dela imparable riada de miles que se recrean con la caída de cualquiera y puede que contribuyan en su medida con unas puñaladas tuiteras incrementando la virulencia del ataque y manteniéndolo en el tiempo

En lugar de en la toxicidad de la vergüenza generalmente desatada por el abuso infantil y el abandono, como estudian otros autores como BRADSHOW, http://www.johnbradshaw.com/ Brown se centro en lo que podríamos llamar “verguenza normal”, del tipo que cada uno de nosotros experimenta de manera habitual. Se trata de algo menos grave que una herida profunda y más que una pequeña fiebre que nos ataca sin avisar de vez en cuando, a menudo a causa de incidentes del día a día: una dolorosa descalificación por parte de un amigo, la lacerante memoria de qué apagado estuviste en la última fiesta, los aburridos bostezos el entorneo de los ojos cuando tratabas de defender una presentación preparada a duras penas en una noche de fiebre alta, la certeza de que todos los que están en la sala, son más jóvenes que tú, más elegantes, más estilosos, y así hasta el infinito. Por supuesto, nosotros mismos también nos embarcamos en este tipo de situaciones con frecuencia. Incluso la gente más cool, no siempre está así de cool. Y si tenemos una pizca de empatía por los otros, estos comportamientos propios, nos hacen sentir vergüenza por la vergüenza que causamos en los demás. El perfecto círculo de la verguenza generando vergüenza.

Como destaca Brown, la vergüenza causa tanto dolor, es tan insoportable, que nuestro instinto nos lleva a buscar el más recóndito escondite de nuestro mundo interior, lo que ella llama EN MODO DE SUPERVIVENCIA DEL CEREBRO DE REPTIL, o de otra forma ponerse una gama de máscaras y escudos emocionales con el objeto de evitar cada vez el riesgo de ser dolorosamente expuesto o empequeñecido.

De hecho, ni siquiera podemos aguantar la palabra “vulnerabilidad”- suena a gatitos enfermos, y a bebés con ositos de peluche lloriqueando por el sufrimiento de nuestro niño interior. Despues de todo es lo contrario de fortaleza, dureza y determinación, no?

E, incluso, si tal como Brown la define, vulnerabilidad significa incertidumbre, riesgo y exposición emocional, y es el núcleo de todas las emociones y los sentimientos.. la del amor, la alegría, la pertenencia, la confianza, la intimidad , la creatividad y todas las cosas buenas, quién va a elegir ser ese pobre suave, sentimental y vulnerable crío.

Esta claro que la vulnerabilidad no te va a facilitar una despacho de renombre o una matrícula en Harvard ni siquiera te va a pagar la renta.

Sin embargo , en un alarde de prestidigitación semántica, Brené Brown , tomó los conceptos de VERGUENZA y VULNERABILIDAD y les dió completamente la vuelta. Tal como ella los ve, la verguenza es universal y normal, y lejos de ser algo que esconder y evitar, puede ser una especie de impulso – aunque doloroso- para hacer cambios en nuestras vidas hacia algo mejor. En resumen, hace de la verguenza algo menos vergonzoso, una parte de la condición humana normal, de manera que la pregunta no es por qué la verguenza, sino qué hacer con ella. ¿ podemos convertir el estiercol en un diamante?


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